jueves, 7 de julio de 2011

6. EL IMPULSO DEFINITIVO (1689)




El 23 de octubre de 1687 murió Diego de Portugal y el 31 de enero de 1688 el Rey nombró a Cristóbal Portocarrero Luna Enríquez y Guzmán, conde de Montijo, nuevo Capitán General. El Conde no llegó a Badajoz hasta el primero de mayo pero poco después se puso manos a la obra.

El día 18 de mayo de 1688 se presupuestó un importantísimo conjunto de reparaciones (1). Su simple enumeración nos da idea del estado de las fortificaciones hasta entonces:

A. Cerca urbana:

a. Frente del Guadiana. Entre las puertas de Palmas y Pelambres debían levantarse desde los cimientos 162 varas de portillos (136,08 m.); entre las puertas de Pelambres y Pajaritos se debían levantar, también desde los cimientos, otras 200 varas y había que construir 410 tapias; entre la Puerta de Pajaritos y la Alcazaba había que levantar 50 tapias y encamisar la muralla en los puntos que se había desgarrado.

b. Frente S.E. Reparar dos tramos de la muralla situados frente al cuartel de caballería de Santo Domingo y cerca de la Puerta de Santa Marina respectivamente.

B. Otras obras:

a. Refuerzo del parapeto del baluarte de la Torre del Canto.

b. Refuerzo del parapeto del baluarte de Santo Domingo.

c. 15 tapias para la batería de la calle de Menacho.

Varias de las zonas arruinadas que se citan ya aparecían en los informes de Diego Caballero (6 de febrero de 1665), Diego de Portugal (27 de enero de 1684) y Luis de Venegas (8 de julio de 1677) aunque no estamos en condiciones de asegurar que sean exactamente los mismos puntos pues el Cabildo Municipal había ordenado reparar algunos tramos de la muralla en 1677 y 1678 (2).

El 12 de julio de 1688 se presupuestó el nuevo tejado y distintas reformas en el almacén de los afustes de la artillería (3). Debemos recordar que en 1671 se habían reparado los almacenes de municiones y pertrechos de la artillería pero sólo seis años después Luis de Venegas aseguraba que era preciso aderezar los almagacenes que estan muy mal parados y en el informe de Diego de Portugal del 27 de enero de 1684 se advierte que los Magacenes de las municiones amenazaban gran ruina. Desgraciadamente no sabemos si estos informes se referían a los almacenes de municiones y pertrechos de la artillería en general o se referían específicamente al almacén de los afustes de la artillería

El almacén de los afustes de la artillería estaba en la Alcazaba (adosado a sus murallas) y tenía una cisterna. Sería muy interesante establecer la relación entre este inmueble y la maestranza, que también se encontraba en la Alcazaba. Merece la pena que nos detengamos, aunque solo sea brevemente, en este asunto. Por una escritura de 1662 sabemos que María de Tovar tenía una casa en la calle de Santiago cuya portada daba al campo de Santiago, frente a la iglesia de Consolación, lindaba con la calle de don Bernardino y con una casa caída que fue maestranza (4). En otro deslinde del año 1687, referido también a una casa de la calle de Santiago, se especifica que dicha casa lindaba por la parte de abajo con casas que fueron mestrança (5). Estas escrituras nos permiten deducir que la maestranza se encontraba en el entorno de la calle de Santiago y por ello no descartamos que pudiera corresponderse con el inmueble que muestra Ignacio Sala junto al Torreón del Rosario y adosado a la muralla que cerraba el frente Norte de la Alcazaba prealmohade. Por otro lado, las escrituras que hemos mencionado especifican que en los años 1662 y 1687 la maestranza estaba en desuso, por el contrario, el contrato de 1688 para reparar el almacén de los afustes de la artillería nos indica que éste estaba deteriorado pero en uso. Es decir, el almacén de los afustes y la maestranza pudieron ser dos edificios distintos. Pensamos que el almacén de los afustes podría corresponderse con el cobertizo que se construyó en 1671 en el corral grande que esta frentte de el almaçen que llaman de D. Gomez aunque no estamos en condiciones de dar una respuesta plausible a esta cuestión.

El conde de Montijo retomó las obras del recinto abaluartado que había iniciado Antonio Paniagua y el 16 de enero de 1689 el ingeniero mayor (Francisco Domingo) hizo públicas las condiciones para dicha fortificación

“…que se a de empeçar desde la mitad de la cortina ya heçha, a la puerta de la trinidad, caminando con ella a la parte del castillo…” (6)

Es decir, los trabajos se retomarían desde la cortina izquierda del Baluarte de la Trinidad y avanzarían en dirección a la Alcazaba. Los que tomasen a su cargo la obra se comprometían a que siete maestros, con sus correspondientes peones, trabajasen diariamente en ella. La Corona les suministraría la piedra, cal, arena y agua necesarias.

Por lo que se refiere a las características técnicas, Francisco Domingo combina lo que ya había expuesto en el proyecto de la esquina de la Trinidad y en las obras de reparación de los baluartes de la Torre del Canto y Santo Domingo:

-Escarpa de 7,5 varas de altura (6,3 m) construida con piedra y cal. La cara exterior presentaba un declive en altura de una vara cada cinco de modo que comenzaba con una sección de 2,5 varas de grueso en su base y remataba con una sección de una vara a la altura del cordón. La cara interior estaría levantada a plomo y carecía de contrafuertes o cualquier otro elemento de refuerzo.

-Parapeto de vara y media de alto construido con tapias de costra de hormigón de cuatro dedos de grueso en cada cara y tierra mojada y pisada en el interior. Las tapias tendrían dos varas de largo, una de ancho y una de alto. En este caso no se especifica si los parapetos eran dobles o sencillos aunque por la descripción parece deducirse que eran sencillos, es decir, una simple tapia de costra de cal con relleno interior de tierra. Como ya hemos adelantado al hablar de las obras en la esquina de la Trinidad, es muy posible que en tanto no se completase el terraplén el único parapeto que podía levantarse era un parapeto simple. Por otro lado, la altura del parapeto era igual en ambas caras y por tanto no presentaría derrame hacia el exterior.

-Entre el parapeto y la escarpa iría un cordón de ladrillo idéntico al que presentaba la parte construida. El ladrillo redondo para el cordón era por cuenta de la Corona (7).

Estas condiciones se hicieron públicas los días 21, 23 y 24 de enero en los lugares habituales (esquina de las Carnicerías y Rastro y en la Plaza de San Juan). Conocemos perfectamente como se desarrolló la puja para conseguir la obra pues se ha conservado el conjunto documental completo.

En primer lugar, presentaron postura (puja u oferta) los albañiles Juan Fernández y Francisco Rebanales (día 28 de enero). Estos albañiles valoraron la vara cúbica construida con piedra y cal en 6 reales y la tapia en 4,50 reales. Este presupuesto hacia referencia solo a la manifactura, es decir, a la mano de obra pues los materiales (piedra, cal, arena y agua) eran por cuenta de la Corona.

Antonio Rebanales y Antonio Rebanales, el Mozo, rebajaron un real la vara cúbica construida y la tapia quedando en 5 y 3,50 reales respectivamente (postura del día 29). El 31 de enero y el 1 de febrero, Nicolás Corvin pregonó esta postura en los mismos lugares (esquina de las Carnicerías y Rastro y Plaza de San Juan).

Francisco Rebanales presentó una nueva postura el 1 de febrero y en ella rebajaba un real tanto la vara cúbica construida como la tapia. Nicolás Corvin pregonó la postura en los mismos lugares (2 de febrero).

El 7 de febrero, los albañiles Antonio Rebanales, Antonio Rebanales, el Mozo, y José Hernández Manzano rebajaron un real la vara cúbica construida que quedó en 3 reales. Los días 8, 9 y 10 de febrero Nicolás Corvin pregonó la postura.

Pasaron los días sin que apareciesen mejores posturas de modo que el 20 de febrero el conde de Montijo ordenó rematar la obra al día siguiente.

El 21 de febrero, y antes de adjudicar la obra, Nicolás Corvin pregonó en la Plaza de San Juan, entre las diez y las once de la mañana, la postura de Antonio Rebanales, Antonio Rebanales, el Mozo, y José Hernández Manzano que establecía en 3 reales la vara cúbica y otros 3 la tapia. Todo indicaba que sería la postura ganadora pero Francisco Rebanales presentó una postura en la que rebajaba un cuartillo de vellón cada vara cúbica y medio real cada tapia. A continuación, Nicolás Corvin pregonó la postura de Francisco Rebanales pero Antonio Rebanales, Antonio Rebanales, el Mozo, y José Hernández Manzano hicieron baja de un cuartillo de vellón en cada vara cúbica. Nicolás Corvin pregonó la postura (2,50 reales la vara cúbica y la misma cantidad para las tapias). En esta ocasión no se hizo una puja más baja y Antonio Rebanales, Antonio Rebanales, el Mozo, y José Hernández Manzano se adjudicaron la obra (8).

Antonio Rebanales había pujado y conseguido las obras en 1679 (Baluarte de la Trinidad y sus cortinas). En aquella ocasión tasó la vara cúbica construida en 12,5 reales y ahora, en 1689, la había tasado en tan sólo 2,5 reales. Para entender esta diferencia debemos recordar que los 2,5 reales se refieren solo al coste de la mano de obra debiendo entregar la Corona todo lo demás (piedra, cal, arena y agua). En 1679, la Corona sólo suministraba la piedra.

Por otro lado, debemos recordar que en 1689 solo se licitó la construcción de la escarpa, el cordón y el parapeto. El resto de los elementos (foso, terraplén, etc.) no se contrataron. Tampoco se mencionan los trabajos de demolición de la vieja muralla y las costosas expropiaciones que debieron realizarse ya que el trazado de la muralla abaluartada dejó extramuros a la iglesia de San Salvador, al matadero y buena parte del caserío del barrio contiguo (9).

Las trámites para estas obras se habían iniciado el año anterior pues en diciembre de 1688 el ingeniero mayor, Francisco Domingo, gestionó el suministro de cal para las futuras obras pues ya hemos adelantado que tanto la cal como el resto de los materiales de la obra correría por cuenta de la Corona (10). Así, el 13 de diciembre de 1688 contrató con Juan López el suministro de 100 cahices de cal mensuales. La cal debía entregarse a comienzos de cada mes. La Corona se comprometió a entregarle algunas herramientas para que pudiera extraer la piedra caliza de las canteras y reparar el horno de la Compañía de Jesús para que pudiera cocer la cal (11).

En enero de 1689 se contrató con el albañil Juan Fernández la entrega de otros 100 cahices de cal que también debía entregar el primero de cada mes (desde el primero de marzo hasta finales de octubre), y cocería en el horno de Juan Rodríguez Suárez (12).

Los hornos citados se encontraban en el paraje de los Hornos Caleros. Dicho paraje se extendía a lo largo del camino de los Mártires y en base a los planos del Krigsarkivet y Luis de Venegas debemos situarlo en el espacio delimitado por la calle de José María Giles Ontiveros, el Rivillas y la Autopista. En este paraje se levantaban al menos tres hornos. No conocemos el nombre del propietario del horno más próximo a la ciudad pero el segundo pertenecía a la Compañía de Jesús y en él cocía cal Juan López mientras que Juan Fernández cocía en el horno de Juan Rodríguez Suárez que era el tercer horno (el más alejado de la ciudad de los tres). Así aparece especificado en testamento de Juan Rodríguez en el que se recoge que era propietario de un horno

“…de cocer cal con su pedrera junto a el y otra (pedrera) algo mas distante que es el ultimo horno de los tres que estan en termino desta ciudad yendo por el camino de los martires con quien linda…” (13)

Como ya hemos adelantado, la Corona debía entregar a los albañiles encargados de construir la muralla todos los materiales necesarios (cal, piedra, arena, etc). Primero se aseguró el suministro de cal (Juan López y Juan Fernández) y después se contrató la saca y el transporte de la piedra.

El 27 de marzo de 1689 se ordenó pregonar que eran necesarias 4.000 carretadas de piedra para la nueva muralla. Los días 27, 28, 29 y 30 de marzo Nicolás Corvin pregonó la noticia en los lugares habituales.

El 31 de marzo, Ambrosio Paino hizo postura en la que presupuestaba cada carretada de piedra en 3 reales, si bien, la Corona debía entregarle las herramientas necesarias para sacar la piedra y 500 reales para su reparación y aderezo. Nicolás Corvin pregonó la postura los días 31 de marzo, 1, 2, 3 y 4 de abril.

El 4 de abril presentó postura Esteban Hernández de la Torre en la que dejaba cada carretada en 2,50 reales aunque ponía como condición que la piedra habría de sacarse de

“…las tres (canteras) de los tres hornos junto a Rivillas y Calamon y otras del contorno y no en la cuesta (de San Cristóbal) ni de aquel cabo del Guadiana (canteras de la orilla derecha del río)…” (14)

El mismo día, Pedro Barrena tasó en 2,50 reales la carretada pero renunciaba a los 500 reales que los demás postulantes presupuestaban para el aderezo de las herramientas. Es decir, la Corona entregaría las herramientas al otorgante que se haría cargo de su reparación y una vez finalizado el contrato las devolvería. Los días 4 y 5 se pregonó la postura y el mismo día 5, a las once de la mañana, se remató. No obstante, una vez rematada la puja surgieron dudas sobre la capacidad de Pedro Barrena para cumplir con lo acordado por lo que se pidieron más garantías. Por ello, el día 12 de abril de 1689, Pedro Barrena y su fiador, Pedro de Ledesma y Aguilar, firmaron una carta de obligación en la que se comprometían a entregar las 4.000 carretadas de piedra (extraídas de las pedreras de la media luna de los hornos caleros) y pusieron sus bienes como garantía de que cumplirían con este compromiso.

Como ya hemos dicho, la muralla abaluartada estaba retranqueada respecto a la muralla medieval de modo que una parte del barrio del Salvador quedó extramuros. Por esta razón fue preciso demoler tanto al caserío que se levantaba en el trazado de la nueva muralla como el que quedó extramuros. Los materiales procedentes de los derribos fueron utilizados en la nueva muralla (ladrillo, pedazos de muro tanto de mampostería como de ladrillo, trozos de pilares y arcos de ladrillo, sillares de granito, etc) (fig. 14).

Fig. 14). Material reutilizado en la muralla abaluartada.

Fig. 14B). Detalle de lo que fue un arco de ladrillo.

Fig. 14 C). Detalle de una posible gorronera (pieza en la que entraba el gorrón o pivote cuyo giro permite abrir y cerrar las puertas).

Las obras de 1689 no se limitaron a la muralla abaluartada. Así, el 23 de abril se publicaron las condiciones para ampliar los cuerpos de guardia de las puertas de Palmas e instalar en ellos camas para los soldados de guardia. Debemos señalar que tanto en el pliego de condiciones como en las posturas que se realizaron se habla indistintamente de puestos de guardia y/o cuarteles.

En el pliego de condiciones se establecía que el cuerpo de guardia de la Puerta de Palmas se alargaría veinte varas en dirección a la torre gorda de modo que tuviera

“…de gueco treinta y seis baras, de largo, y el ançho que se corresponde al que esta hecho, para que asi quepan diez y oçho camas…” (15)

Es decir, se alargaría pero se mantendría el mismo ancho. Si tenemos presente que el plano anónimo de Badajoz del 28 de abril de 1703 sitúa el cuerpo de guardia a la izquierda de la puerta, la torre gorda que se cita pudiera corresponderse con la torre de la muralla medieval que se levantaba frente a la actual calle de Vaco Núñez.

El cuerpo de guardia de la Puerta de la Trinidad se levantaría

“… al lado de la mano derecha saliendo, que sirba de pared, para el caballate (sic), la muralla antigua, de tapias de ormigon de treinta y seis baras de largo, y de ancho, el que tiene oy heçho…” (16)

En este cuerpo de guardia se construiría también un portado y una chimenea

Las obras de ambos cuerpos de guardia deberían estar concluidas a finales del mes de mayo.

La misma orden recogía también las condiciones para fabricar las camas que faltasen en los cuerpos de guardia situados en las puertas de Palmas, Santa Marina, Trinidad, Capitel y Carros y los fuertes de la Cabeza del Puente, San Cristóbal y Pardaleras. Las condiciones para la obra se publicaron durante los días 25, 26, 27, 28 de abril en la Plaza de San Juan.

El día 2 de mayo, Juan Alonso, maestro albañil, valoró en 6.000 reales el coste de la obra de los cuerpos de guardia y se comprometió a tenerla concluida para finales de junio. También se comprometía a demoler el viejo cuartel (puesto de guardia) que estaba en la Puerta de la Trinidad quedando todo lo que coxe llano para la entrada y salida de la puerta. En su postura ponía como condición que la Corona debía entregarle algunas herramientas para la obra (6 picos, 6 azadas y 4 palas). La postura de Juan Alonso se pregonó los días 2 y 3 de mayo.

El día 3 de mayo fue el maestro carpintero, Juan Feixo, el que hizo postura para los tablados (camas) de los cuarteles (puestos de guardia).

“…del puente (Puerta de Palmas) Cabeça del puente fuerte de san xistoual puerta de santa Marina fuerte de las pardaleras puerta de la trinidad puerta principal del Castillo y de los carros donde an de dormir la gente de guerra destas fronteras…” (17)

Estimó la obra en 2.450 reales y la daría concluida a finales de junio.

Los días 4 y 5 de mayo, Nicolás Corvin pregonó las posturas de albañilería y carpintería y desde entonces se fueron presentando posturas cada vez más bajas en lo que al trabajo de albañilería se refiere (18). Así, partiendo de los 6.000 reales que ofreció Juan Alonso el 2 de mayo, se fue rebajando hasta los 4.000 que ofrecieron los maestros albañiles Juan Alonso, Baltasar Rebanales, José Merchán y Pedro Toledo (8 de mayo).

Ante las continuas rebajas, se determinó que el 22 de mayo se hiciese el remate y se adjudicase la obra a la postura más baja. Fueron citados todos los que habían presentado presupuesto (Francisco Méndez, Juan Alonso, Baltasar Rebanales, Pedro de Toledo y José Merchán). También se citó al maestro carpintero Juan Feixo pero curiosamente no se citó a Antonio Rebanales, Antonio Rebanales, el Mozo, y José Hernández Manzano que habían hecho postura para esta obra.

El día 23 de mayo, se inició la puja en 4.000 reales que era la postura más baja. Francisco Méndez rebajó 200 reales dejando la obra en 3.800 reales. Ese mismo día, a las cinco de la tarde, se pregonó la postura en las esquina de la botica de Sandoval. No aparecieron otras más bajas ni en la obra de albañilería ni en la de carpintería por lo que las posturas de Francisco Méndez y Juan Feixo, maestros albañil y carpintero respectivamente, fueron las que resultaron ganadoras.

El día 28 de agosto de 1689, Juan López firmó un nuevo contrato para suministrar cal. Recordemos que los dos contratos anteriores (firmados con el mismo Juan López y Juan Fernández) se extendían entre marzo y octubre que eran los meses que el ingeniero Francisco Domingo consideró Prezisos para la fabrica de las murallas y fortificaçiones. Por este nuevo contrato, Juan López suministraría 100 cahices de cal mensuales desde el 29 de agosto. Para cocer la cal recibiría el horno de la Compañía de Jesús, la pedrera que esta en frente de la en que se esta sacando la piedra para la muralla y las herramientas para sacar la piedra (19).

Mientras tanto, las obras en la muralla avanzaban en dirección a la Alcazaba si bien la autoridad civil (Cabildo Municipal) y la militar (conde de Montijo) se enfrascaron en un pleito sobre la conveniencia de abrir una puerta en la cortina comprendida entre el Baluarte de San Pedro y el Semibaluarte de San Antonio (puerta nueva de Mérida). El Conde no era partidario de abrir la puerta lo que motivó la protesta del Cabildo Municipal que no dudó en elevar sus quejas al propio Rey. En su informe, el Cabildo Municipal señalaba que

“…se ha hechado linea desde la puerta de la Trinidad hasta el Castillo, cerrando la puerta de Merida, sin la cual queda la Ciudad sin comercio en las crecidas del Rio Guadiana, de que se ha presentado informacion; en cuya consideracion, suplica se mande dejar puerta en el sitio que siempre la hubo, y es tan necesaria…” (20)

El día 23 de noviembre de 1689 el rey ordenó estudiar el asunto al Consejo de Guerra. Gracias a esta documentación podemos certificar que en noviembre de 1689 ya se trabajaba en la cortina que une el Baluarte de San Pedro y el Semibaluarte de San Antonio aunque desconocemos en que estadio se encontraban las obras, es decir, si se limitaban a una fase de simple planteamiento, o bien, se había iniciado la cortina o incluso si se trabajaba en el Semibaluarte de San Antonio (21).

Además de los materiales de construcción que hemos visto (cal y piedra) se contrató con Paulino Gómez, maestro esterero, la entrega de 1.000 espuertas terreras de esparto para los trabajos en las obras de fortificación (21 de noviembre de 1689) (22). También se acordó con el maestro de arquitectura, Juan Alonso de Osorio, la confección de

“…dos guarniciones de piedra de grano fina para enbutir dos escudos de armas de piedra blanca de S. Mg. Y otros dos escudos de armas al pie de ellos del Sr conde del Montijo…” (23)

Los escudos se colocarían en la nueba muralla que se esta haçiendo en esta plaça. El contrato se firmó el 28 de noviembre de 1689. Las guarniciones debían estar concluidas para finales de marzo del año siguiente (1690).

Fig. 15 A). Escudo de Carlos II en la Puerta de la Trinidad.

Fig. 15B). Escudo del conde de Montijo en el Semibaluarte de San Antonio.

En la muralla que levantó el conde de Montijo se embutieron tres escudos con sus armas (Semibaluarte de San Antonio y puertas de Mérida y Pilar) (fig. 15). Todos ellos aparecen flanqueados por dos leones y al menos dos presentan una corona volada (escudos del Semibaluarte de San Antonio y Puerta de Nuestra Señora del Pilar). En estas mismas murallas sólo haya dos escudos reales (puertas de Trinidad y Pilar) que además aparecen labrados en una sola pieza y tenían corona volada (fig. 15). Ahora bien, sólo Puerta Pilar integra ambos escudos, real y condal, tal y como aparece recogido en el contrato con Juan Alonso de Osorio. Por otra parte, la Puerta de la Trinidad, que también luce un escudo real, estaba construida desde el año 1680. Asimismo no deja de sorprendernos que el palacio del conde en la localidad de Montijo luzca un escudo condal idéntico al que se embutió en la muralla y puertas de Badajoz.

Tras levantar el tramo comprendido entre la Puerta de la Trinidad y la Alcazaba se procedió a construir las murallas que se extienden entre el Baluarte de la Trinidad y el Guadiana. No hemos localizado la documentación pues ni se conservan los protocolos de los años 1690-1694 del escribano de la Capitanía General de las fronteras de Extremadura (Nicolás Vázquez Ruano) ni los libros de acuerdos del Cabildo Municipal correspondientes a los años 1689 y 1690. Pese a todo, contamos con algunos datos que resultan muy relevantes.

En los meses de septiembre y octubre de 1691 Juan López y Juan Ramos, cada uno por su parte, solicitaron los hornos que el Cabildo Municipal tenía en Santa Engracia y San Cristóbal. Las peticiones fueron atendidas. Es muy posible que estos personajes fuesen los que abastecían las necesidades de cal de las fortificaciones. Al menos el primero ya había contratado esta tarea en 1688 y 1689 (24). Por otro lado, la petición no podía ser más oportuna pues en el Cabildo Municipal del 8 de octubre de 1691 se denunció que

“…algunas personas q. sacan piedra pª. la muralla desbaratan el camino de los martires y el de los ornos caleros…” (25)

Fig. 15 C). Escudo del conde de Montijo en la Puerta de Mérida (en este caso sin corona volada). Sobre el escudo del conde aparece el escudo de Calos V que debe proceder de la vieja Puerta de Mérida.

Fig. 15 D). Escudos de Carlos II y del conde de Montijo en la Puerta de Nuestra Señora del Pilar. El escudo de Carlos II es muy similar al de la Puerta de la Trinidad (corona volada, toisón de oro sostenido por dos cabezas de águila y flores en los ángulos inferiores).

Visto el perjuicio ocasionado, se ordenó reparar el camino y prohibir la saca de piedra de las pedreras de los hornos caleros, que eran las que se habían venido utilizando para sacar la piedra tanto para la muralla como para la cal.

Las obras en la nueva muralla abaluartada progresaban a buen ritmo. El propio conde de Montijo señalaba en una carta fechada el 26 de enero de 1691 que había puesto todo su empeño en

“…adelantar la nueba muralla en que se ua trauajando ynsesantemente sin hauer lebantado la mano de la obra, no obstante ser ybierno y a el mismo tiempo estar ocupados los maestros canteros en la nueba portada de piedra blanca picada y bruñida que se a de poner en el paraje donde oi esta la de sta Marina…” (26)

Es decir, la obra no se había detenido en invierno y parece que por esas fechas se trabajaba en la cortina que une los baluartes de San Roque y San Juan. En esa cortina se abrió la puerta más monumental de la nueva muralla abaluartada: Puerta Pilar. La puerta es obra del Conde y al igual que sucedió con la Puerta de Mérida el conde consiguió colocar su propio escudo en ella en lugar del escudo de la ciudad que era lo que el Cabildo Municipal pretendía.

A finales de abril de 1692, se trabajaba en las últimas 40 varas de la cortina que une el Baluarte de San Juan con el Baluarte de Santiago (que no se había iniciado).

Por su parte, el ingeniero Francisco Domingo señala que cuando las lluvias impedían trabajar a los albañiles los trabajos se centraban en los terraplenes. En conjunto, y según nos informa Francisco Domingo, durante el mandato del conde de Montijo (1688-1692) se construyeron:

-cuatro valuartes y medio que deben corresponderse con el semibaluarte de San Antonio y los baluartes de San Pedro, Santa María, San Roque y San Juan.

-Cuatro cortinas completas y faltaban 40 varas para concluir la quinta.

Por lo que se refiere al terraplenado de las nuevas obras debemos diferenciar el trabajo en las cortinas y en los baluartes.

A. Las cortinas contaban con un terraplén de unas cinco varas de ancho aunque faltaba levantar la última vara. No obstante, las 400 varas más próximas a la Alcazaba no se pudieron terraplenar por falta de tierra ya que este elemento se extraía de la excavación del foso y en la zona más cercana a la Alcazaba la cubierta de tierra era muy delgada y casi no había tierra para los terraplenes. Tampoco se había terraplenado la cortina comprendida entre los baluartes de San José y Santiago.

B. Los baluartes casi no tenían terraplén y algunos sólo tenían una banqueta para que, llegado el caso, pudiera disparar un soldado. El Baluarte de la Trinidad era el que tenía el terraplén más avanzado.

Por último, Francisco Domingo señala que tampoco se habían desmontado los escombros de la vieja muralla medieval que había quedado extramuros (27).

Tras el conde de Montijo fue nombrado Capitán General Domingo Pignatelli, marqués de San Vicente (1692-1698), que continuó las obras donde las dejó el conde de Montijo, es decir, terminó las 40 varas que faltaban para completar la cortina derecha del Baluarte de San Juan y procedió a levantar el siguiente baluarte (Santiago).

La construcción del Baluarte de Santiago resultó muy costosa ya que su ángulo defendido o saliente se trazó en la zona mas baja del terreno por lo que fue necesario levantar un zócalo para nivelar la obra y conseguir que el interior del baluarte no quedase descubierto desde el exterior. Como consecuencia de esta configuración, sus escarpas eran más elevadas que el resto y por tanto los trabajos para terraplenarlo también fueron más costosos.

Siguió con una cortina que debía unir el Baluarte de Santiago con el siguiente (Baluarte de San José). Esta cortina tenía 220 varas de longitud cuando la media era de 200 varas. Francisco Domingo (el ingeniero que diseñó el nuevo recinto abaluartado) nos explica los motivos. El ingeniero consideró que era muy conveniente situar el ángulo defendido del Baluarte de San José en lo más eminente del terreno aunque esto supusiese alejarlo un poco del Baluarte de Santiago. Esto supondría que la cortina que unía ambos baluarte fuese un poco más larga. No obstante, Francisco Domingo argumentaba que pese a la longitud de la cortina, la línea de defensa correspondiente (la distancia comprendida entre el ángulo flanqueado o defendido del Baluarte de Santiago y el ángulo flanqueante izquierdo del Baluarte de San José) no excedía la potencia del mosquete.

El Baluarte de San José tenía 300 varas de circuito, como los anteriores, y ya hemos dicho que su ángulo defendido fue trazado en la parte más elevada del terreno. En este caso, las mayores dificultades vinieron de los trabajos de derribo y allanado del viejo Baluarte de Santo Domingo que estaba construido con un terraplén de tierra y una camisa de tapia de hormigón.

En septiembre de 1694 se trabajaba en la cortina que unía los baluartes de San José y San Vicente. En esa fecha estaban construidas las 50 primeras varas de la cortina, es decir, las más próximas al Baluarte de San José.

Las obras del foso iban muy retrasadas pues según Francisco Domingo a finales de 1694 tan sólo se había hecho la excavación necesaria para los cimientos de cortinas y baluartes.

El Baluarte de San Vicente fue el último y pudo levantarse después de la muerte del ingeniero Francisco Domingo.

Además de los baluartes y cortinas que conformaban el recinto principal, Francisco Domingo había previsto construir una media luna en los hornos caleros, rellenar los hoyos de las canteras de aquella zona y transformar el viejo el Baluarte de la Torre del Canto en una obra avanzada con objeto de cubrir tanto los molinos como la orilla izquierda del Guadiana.

La documentación conservada nos permite seguir con detalle la construcción del recinto abaluartado y también las tareas de fiscalización de los fondos que se habían destinado para las obras. En efecto, el 6 de febrero el Consejo de Guerra pidió al marqués de San Vicente que detallase en que partidas había empleado los 6.000 escudos que anualmente estaban consignados para las fortificaciones. Concretamente se pedían las cuentas de los últimos ocho años. El 21 de febrero de 1698, el marqués de San Vicente contestaba a dicha petición. La carta es interesantísima pues nos informa de lo que restaba para cerrar la plaza:

§ La cortina que debía unir el Baluarte de San Vicente con la Puerta de Palmas

§ Completar los terraplenes.

§ Abrir el foso.

§ Levantar los revellines.

§ Construir el camino cubierto.

§ Disponer explanadas para la artillería, etc (28).

Fig. 16). Ángulo flanqueante derecho del Baluarte de la Trinidad. Si tomamos como referencia el cordón de la cortina y el cordón del baluarte podemos observar el recrecido del baluarte.

Fig. 17 A). Ángulo flanqueante izquierdo del Baluarte de San Roque en el que hemos señalado la cortina y su parapeto (de tapia de hormigón) para resaltar el recrecido del baluarte. Para reforzar el ángulo flanqueante de los baluartes que se recrecían solían construirse contrafuertes como el que se observa en la imagen.

Fig. 17 B). Ángulo flanqueante derecho del Baluarte de San Roque en el que podemos apreciar el recrecido del baluarte y el contrafuerte exterior.

La carta se acompañaba de un informe de Juan Muñoz Ruesta. Este personaje era ingeniero aunque servía con el sueldo de soldado y su informe es la primera evaluación de lo que hasta ese momento se había construido, es decir, la primera evaluación del proyecto de Francisco Domingo (29). Juan Muñoz Ruesta destacaba en su informe los siguientes puntos.

· Varios Baluartes y cortinas estaban dominados desde los padrastros más cercanos a la ciudad

· Las murallas, de tan sólo 21 pies de altura, eran demasiado bajas (fig. 16 y 17). Juan Muñoz Ruesta consideraba que era imprescindible recrecerlas pues al aumentar su altura varias zonas dejarían de estar dominadas desde el exterior. En segundo lugar era imprescindible aumentar la altura para dominar las obras exteriores que habrían de construirse en el futuro delante de la muralla principal (revellines, camino cubierto, etc).

· Los terraplenes no estaban construidos lo que hacia imposible construir parapetos á prueva de cañon.

· La cortina comprendida entre los baluartes de la Trinidad y San Pedro tenía una longitud de 700 pies, estaba dominada y enfilada por lo que propone un nuevo trazado para cerrar el tramo comprendido entre el Baluarte de la Trinidad y la Alcazaba (fig. 18).

· El emplazamiento de la Puerta de la Trinidad, en un flanco del baluarte homónimo, no se ajustaba a la norma de la fortificación abaluartada que postulaba la construcción de las puertas en el centro de las cortinas.

· Por último proponía la construcción de almacenes a prueba de bomba en las cortinas y baluartes antes de proceder a su terraplenado (30).

Fig.18A). Interior del baluarte de San Pedro. Tanto el interior del baluarte como la cortina que une este baluarte con el de la Trinidad están dominados y enfilados desde los cerros de las Mayas que se divisan en el último plano.

Salvador de Monforte, veedor y contador de la frontera de Extremadura, examinó la contabilidad presenta por el marqués de San Vicente y encontró las cuentas poco claras ya que no especificaba como se habían contratado las obras (varas, pies geométricos, etc). Por otro lado, y basándose en el informe del ingeniero, pudo deducir que debían emplearse nuevos fondos para corregir los defectos que presentaba el flamante recinto abaluartado (31).

En una nueva misiva, fechada el 29 de marzo de 1698, el marqués de San Vicente alegaba que para determinar si las obras se habían contratado por varas, pies geométricos u otra medida debería haber consultado muchos documentos. En la misma carta, el ingeniero Juan Muñoz Ruesta señala que haría falta un espaldón en el baluarte de la calle de los Labradores (¿Santa María?). Esta petición ya aparecía en su exposición del 21 de febrero aunque no estaba desarrollada en el informe que acompañaba al plano (32).

El Consejo aprobó tanto la construcción del espaldón como el sueldo de 15 escudos al mes para Juan Muñoz Ruesta (33). El 25 de mayo de 1698, el marqués de San Vicente envió una carta al Consejo de Guerra dándose por enterado tanto del sueldo del ingeniero como de la aprobación del espaldón del baluarte (34).

Si el plano de Francisco Domingo (16 de junio de 1679) nos permitía conocer el estado de las fortificaciones de Badajoz antes de las obras, el plano de Juan Muñoz Ruesta (21 de febrero de 1698) nos permite visualizar, por primera vez, el conjunto abaluartado de Badajoz tras las obras. No obstante antes de entrar en el análisis de este documento debemos señalar que incluye obras que no se habían ejecutado (foso, camino cubierto, revellines, cortina comprendida entre el baluarte de San Vicente y Puerta de Palmas, etc.) y por el contrario no muestra obras que ya existían en el momento que se levantó el plano. Por último, Juan Muñoz Ruesta incluye obras propuestas por él y que nunca llegaron a realizarse (espaldón en el Baluarte de Santa María o el nuevo trazado para el recinto abaluartado comprendido entre el ángulo flanqueante izquierdo de la Trinidad y la Alcazaba). Pero veamos este interesante documento que nos muestra:

-El nuevo recinto abaluartado comprendido entre la Alcazaba y el Guadiana (un semibaluarte, 8 baluartes y 8 cortinas). Dicho recinto no se ajusta al perímetro amurallado medieval y en general está muy retranqueado respecto a él. Así, entre la Alcazaba y la Puerta de la Trinidad el nuevo recinto dejaba extramuros a una parte de los barrios del Salvador y el Campillo (antiguos viveros municipales, Parque de la Legión, etc). En la esquina de la Trinidad-Hornos Caleros, el nuevo recinto formaba un gran chaflán que dejaba extramuros la zona contigua a la vieja Torre del Canto del Rivillas (Parque de la Legión comprendido entre la mitad derecha del Baluarte de la Trinidad y el ángulo flanqueante izquierdo del Baluarte de Santa María). En la zona de la Torre del Canto del Guadiana o las Aceñas encontramos un segundo chaflán que dejó extramuros al Baluarte de la Torre del Canto y la zona colindante que viene a corresponderse en la actualidad con la mayor parte del Parque Infantil, el Auditorio Ricardo Carapeto, etc.

-El camino cubierto y las obras exteriores no aparecen representados. En su lugar muestra un proyecto de camino cubierto y revellines. Para seguir tanto el trazado del camino cubierto como de las obras exteriores nos remitimos al plano anónimo de Badajoz del 28 de abril de 1704 que veremos más adelante.

-Fuertes. En el Fuerte de San Cristóbal se ha construido un nuevo camino cubierto en forma de corona que está orientada hacia el NW. No podemos precisar cuando se construyó pero necesariamente fue entre el 16 de junio de 1679 (plano de Francisco Domingo) y el 21 de febrero de 1698 (plano de Juan Muñoz Ruesta). En el Fuerte de la Cabeza del Puente también observamos modificaciones que al igual que sucedía con las obras en San Cristóbal debieron ejecutarse entre 1679 y 1698. El caso del Fuerte de Pardaleras es más complejo. En primer lugar podemos ver que las dos alas que unían el fuerte con el camino cubierto de la ciudad están precedidas de su propio camino cubierto. Este elemento no aparecía en el plano de Francisco Domingo por lo que necesariamente es posterior al año 1679. También observamos modificaciones en el diseño del recinto principal del frente de ataque y en su correspondiente camino cubierto. No sabemos si tales modificaciones, en realidad rectificaciones pues se mantuvo el mismo diseño, son fruto de las obras ejecutadas por Francisco Rebanales durante el verano de 1679 o bien sólo ponen de manifiesto la escasa pericia cartográfica de Francisco Domingo.

El 24 de junio llegó a Badajoz el conde de Orgaz, el nuevo Capitán General, que permaneció en el cargo hasta mayo de 1701. Durante su mandato continuó la investigación sobre el trabajo desarrollado por el marqués de San Vicente. El 11 de julio de 1698 el conde de Orgaz remitió una carta al Consejo de Guerra sobre este asunto. La carta incluía una memoria del ingeniero en la que se enumeraban las obras practicadas en la fortificación de Badajoz en lo referido a baluartes, cortinas, terraplenes, parapetos, foso, garitas, puertas abiertas en los flancos de los baluartes, cuarteles para la infantería, etc. A su vez, el Consejo de Guerra remitió la carta a Salvador de Monforte. El informe de este último es nuevamente demoledor pues a su juicio las explicaciones del conde de Orgaz ni eran claras ni ofrecían una idea suficientemente explícita del desarrollo de los trabajos (35). Pese a todo, Salvador de Monforte pudo vislumbrar lo mucho que restaba para terminar y sobre todo no estaba convencido de la bondad de su diseño, calidad de la fábrica, etc. Por ello, solicitó la presencia en Badajoz de un ingeniero que valorase lo que se había construido y si debían continuar unas obras tan costosas. Para esta tarea, Salvador de Monforte señaló al marqués de Buscayolo. Las propuestas de Salvador de Monforte fueron estudiadas en el Consejo de Guerra del día 10 de agosto de 1698.

Desconocemos si estas pesquisas estuvieron motivadas por alguna sospecha de malversación o bien eran parte de un proceso de fiscalización habitual. Lo que si queda claro es que Salvador de Monforte no quedó satisfecho con las explicaciones y justificaciones del marqués de San Vicente.

NOTAS

1. Las obras se presupuestaron el día 18 de mayo (A.H.P., Badajoz, Prot., 344, ff. 256-264v).

2. A.H.M., Badajoz, L.A., XVI, 4 de marzo de 1677, ff. 23v-24. L.A. XVII, 16 de marzo de 1679, fol. 26.

3. A.H.P., Badajoz, Prot. 344, ff. 256-264v.

4. A.H.P., Badajoz, Prot. 232, fol. 361.

5. A.H.P., Badajoz, Prot. 343, fol. 187.

6. A.H.P., Badajoz, Prot. 345, fol. 60.

7. A.H.P., Badajoz, Prot. 345, fol. 60-60v.

8. A.H.P., Badajoz, Prot. 345, fol. 61-68.

9. A.C.B., Iglesias, ermitas, Leg. 19, I, 374, fol. 148.

10. A.H.P., Badajoz, Prot. 345, ff. 13-16v.

11. A.H.P., Badajoz, Prot. 345, ff. 15-16v.

12. A.H.P., Badajoz, Prot. 345, ff. 13-14

13. A.H.P., Badajoz, Prot. 343, fol. 193. En el mismo testamento, Juan Rodríguez decidió agregarlo al vínculo que fundó Pedro Muñoz

14. A.H.P., Badajoz, Prot. 343, fol.148-148v.

15. A.H.P., Badajoz, Prot. 345, fol. 228.

16. A.H.P., Badajoz, Prot. 345, fol. 228.

17. A.H.P., Badajoz, Prot. 345, fol. 231.

18. El día 5 hizo postura para la obra de albañilería Francisco Méndez que rebajó la obra hasta los 5.500 reales. El mismo día presentó postura Juan Alonso que presupuestó la obra en 5.000 reales.

El día 6 se pregonaron las posturas en las carnicerías. El 8, a las cuatro de la tarde, se hizo lo propio en la Plaza de San Juan.

El día 8, los albañiles Antonio Lobato, Antonio Lobato, el Mozo, y José Manzano hicieron postura por 4.500 reales. Se pregonó la postura y ese mismo día presentaron nueva oferta los albañiles Alonso Baltasar Rebanales, José Merchán y Pedro Toledo en la que tasaban la obra en 4.000 reales.

19. A.H.P., Badajoz, Prot. 345, fol. 333.

20. I.H.C.M., Madrid, Colección Aparici-XXVIII, fol. 213.

21. I.H.C.M., Madrid, Colección Aparici-XXVIII, ff. 213-214.

22. A.H.P., Badajoz, Prot. 345, fol.427. El contrato se había acordado el 19 de noviembre. El precio de la espuerta se estipuló en 28 reales.

23. A.H.P., Badajoz, Prot. 345, fol.441. La escritura de obligación se firmó el día 29 de noviembre (A.H.P., Badajoz, Prot. 345, fol. 439-440).

24. A.H.M., Badajoz, L.A., 21 de septiembre, 2 y 18 de octubre de 1691, ff. 80, 84 y 88v.

25. A.H.M., Badajoz, L.A., 8 de octubre de 1691, fol. 82v.

26. A.H.M., Badajoz, L.A., 26 de enero de 1691, ff. 13v-14.

27. Relacion del adelantamiento de la muralla de la nueva fortificacion desta plaza de Badajoz (10 de noviembre de 1694), I.H.C.M., Madrid, Colección Aparici-XXVIII, ff. 217-221.

28. I.H.C.M., Madrid, Colección Aparici-XXVIII, fol. 222-222v.

29. I.H.C.M., Madrid, Colección Aparici-XXVIII, ff. 222-222v.

30. I.H.C.M., Madrid, Colección Aparici-XXVIII, ff.224-225v.

31. I.H.C.M., Madrid, Colección Aparici-XXVIII, ff. 227-228.

32. I.H.C.M., Madrid, Colección Aparici-XXVIII, ff. 230v.

33. I.H.C.M., Madrid, Colección Aparici-XXVIII, ff. 233-233v.

34. I.H.C.M., Madrid, Colección Aparici-XXVIII, ff. 233v.

35. I.H.C.M., Madrid, Colección Aparici-XXVIII, ff. 238 y ss.

2 comentarios:

  1. Bonito despliegue de conclusiones....un abrazo..Javier Teijeiro Fuentes...

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  2. Este tipo de detalles en las proximas visitas, nos llevaran a conocer todavia mejor nuestra ciudad. Esto es un pequeño adelanto. un saludo.

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